5/3/10

Tu voz es la sinfonía que escuche en mis sueños
cuando me veía en un paraje de cuentos
lejos de esa música tonal
donde los pies se pierden en un círculo monocorde.

Tu voz me recuerda que desconocía mi voz
para hablar de la dicha.

Quisiera dormir en tus labios
para despertarme en tus sueños
y no languidecer en esta boca
que enmudeció de tanto gritar palabras
sin encontrar nombrarte.

RUDY


UN PANÓPTICO EN LA CIMA DEL VACÍO

Esta batalla de voces en un poema
no es contra el tiempo
sino contra la inverosímil primavera que estropeó mis flores.
Tengo un cuerpo que busca el jardín
que espera al sol tímido e introvertido
que se esconde detrás de una estrella indecisa
de una noche eterna.
Se me excita la piel con el olor de la sangre
que derrame en el camino que no encuentro
porque me extravié detrás de unas huellas
de un ser alado que no conoce la tierra
y habita los cielos de una ciudad que siempre imagine
en el pasado de un tiempo estático.
Tengo una cadencia de rimas en la boca
agonizando de tanto besar los labios
del rostro de la mujer que perdió la cabeza
intentando hacer el amor en el viento
y cayendo en un pozo de aire
en busca de la palabra exacta.
Pretendo escribir el poema que se publique
en la antología de un libro
que ha sido quemado en la misma hoguera
donde se incendiaron las palabras
que utilizo para decir amor
y vida.

RUDY


EL OJO DE LA TORMENTA

Con un torno atravieso la herida
que no sangra en mi piel
sino en mis entrañas.
El regocijo es la lucidez de saberme herido
por un puñal intransferible,
conocer la faceta irreconocible
de la moneda que compro este abismo.
Deambulo airoso en el precipicio de la tormenta
donde cayeron tantas nobles almas
que buscaban en ella su ojo más perfecto.
Voy escribiendo versos alados
mientras me desarmo en el torbellino
de vientos y huracanes,
donde cada significado cae
sin encontrar su significante,
donde las palabras no pueden
formar un sintagma a la medida de una herida.

No existe la transmutación del dolor,
existe la misma tormenta
con el mismo ojo inquisidor.

RUDY

3/3/10

Mis ojos perdieron la razón
cuando apareciste como la inspiración
del poema que aún no me atreví a escribir.
No pude soportar el tedio
de haberme sentido tanto tiempo perdido
entre espejos opacos de semblantes adormecidos.
Fue tu mirada la que rompió los cristales de lo mundano
e hizo estallar mi rutina de vigilia
para hacerme entrar en ese sueño pagano
donde brindan dioses y diosas
con el vino que siempre imagine beber en tu nombre.
Fue tu voz la que me recordó
que el sueño no es una ficción,
fue tu cuerpo la encarnación de la diosa Aurora
que se presentó una noche para abrir al sol
las puertas de mi oriente.
Fue tu rostro el que me descubrió impaciente
doliente esperando
que te hagas presente.

Rudy


No te apresures a colocar en mi horizonte
el cartel de "llegada",
ni siquiera se yo por qué puerta
atraveze la entrada.
Me encuentro viajando a bordo de palabras
que no sé si alcanzan para vestir
eso que los filósofos llaman la Nada.

No te asustes de la incertidumbre
de descubrirte sin certidumbres,
sólo hay que temerles a los gusanos y a las afirmaciones,
esos asesinos que van a roer tu carne y tus ilusiones.

Yo por hoy me entrego al silencio,
que tiene la bondad de otorgarnos el privilegio
de habitar ese cautiverio que nos permite
preservarnos del tedio de responder silogismos
que no son más que misterio.

Rudy
Jurándome olvidar las certezas de mis heridas
me encamine a la tierra prometida
donde te encontrabas tejiendo
las flores del silencio.
Compartir mi ansiedad con el cigarrillo ya se me tornó monótono. Me cansé de exhalar el humo que se evapora en el aire denso de mi habitación hambrienta. Escribo aturdido por la revolución de mi sangre, sintiendo en la punta de mi birome la tinta de tantos poetas desesperados. No consigo la palabra capaz de saciar esta sed de peregrino estático, de viajero errante por los caminos oscuros de un romanticismo tuerto. Logro olvidarme de la estética que se configura en la paciencia para perderme incompleto en los torbellinos de la desidia, en la metáfora del deseo primigenio, en la desprolija caligrafía como una metonimia de mi alma.