3/3/10

Compartir mi ansiedad con el cigarrillo ya se me tornó monótono. Me cansé de exhalar el humo que se evapora en el aire denso de mi habitación hambrienta. Escribo aturdido por la revolución de mi sangre, sintiendo en la punta de mi birome la tinta de tantos poetas desesperados. No consigo la palabra capaz de saciar esta sed de peregrino estático, de viajero errante por los caminos oscuros de un romanticismo tuerto. Logro olvidarme de la estética que se configura en la paciencia para perderme incompleto en los torbellinos de la desidia, en la metáfora del deseo primigenio, en la desprolija caligrafía como una metonimia de mi alma.

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